Premio al esfuerzo excepcional

Por su esfuerzo frente a la adversidad, 17 alumnos recibirán la distinción María Elisa Norton Farmache, en honor a la joven estudiante de medicina fallecida en 2011.

«En el camino tendremos que saltar piedras. 
Y en el camino cruzaremos almas nuevas. 
Y en el camino te daré lo que me queda para poder seguir así».

(Fijate. Los Piojos. Verde paisaje del infierno).

Tal cual lo canta Miguel «Micky» Rodríguez en uno de los pocos temas que compuso para la banda platense, son prácticamente incontables las piedras que saltaron, las «almas nuevas» que cruzaron y todo lo que dieron los 17 alumnos que serán distinguidos por la UNCuyo la semana entrante, precisamente por sus destacados logros académicos en un contexto poco favorable y adverso, donde muchos de nosotros hubiésemos tirado la toalla sin siquiera salir a pelearla.

Se trata de jóvenes y adultos que completaron sus carreras universitarias (o están en vías de hacerlo) a pesar de distintos condicionantes (físicos, económicos o sociales) que hicieron que todo sea un poco más cuesta arriba.

Los Andes reunió tres de esas historias que merecen ser reconstruidas y cuyos protagonistas serán homenajeados con la distinción «María Elisa Norton Farmache», en honor a una joven que falleció hace dos años tras un brillante paso por la carrera de Medicina.

«Ser un ciudadano con discapacidad implica que nosotros tengamos que adaptarnos también y ofrecerles a los demás las capacidades que hemos logrado desarrollar y agudizar, más allá de nuestra situación», indicó Gustavo Arce (36), quien es no vidente de nacimiento, se recibió de licenciado en Comunicación Social en 2012 y es uno de los mendocinos distinguidos.

«Es muy emocionante para mí. Yo empecé a estudiar Trabajo Social en 1994, con 19 años y tuve que dejar porque necesitaba trabajar y era el sostén de mi familia. En 2003 pude retomar de a poquito y hace dos años me recibí. Fue muy importante para mí y para mi familia poder hacerlo», agregó por su parte Verónica Fernández (38).

En primera persona

Anahí Pérez tiene 33 años, vive en Dorrego, padece osteogénesis imperfecta y su nombre está en la lista de 17 alumnos que serán reconocidos. Esta enfermedad le impide moverse por sus propios medios, por lo que necesita de una silla de ruedas. Sin embargo, eso no le impidió terminar su carrera en Comunicación Social.

«Me recibí en 2011 y actualmente estoy con algunos trabajos temporales. Se me hizo complicado poder estudiar porque vivo lejos de la facultad, pero siempre estaban mi papá con mis hermanos para llevarme a la facultad. Y en el último tiempo iba en taxi, con todo lo que eso implica», contó la joven a Los Andes.

Pero Anahí siempre tuvo bien en claro que «difícil» no significa «imposible». Y nunca se rindió.

«Entre primero y quinto año, lo hice todo de corrido, sin ningún problema. Pero me estanqué un poco en quinto, sobre todo con las últimas materias y la tesis. Perdí un poco el ritmo», continuó la licenciada en Comunicación Social.

La trayectoria académica de Anahí es un claro ejemplo de fuerza de voluntad. «Pude seguir adelante pese a las adversidades y eso es bueno», sentenció con humildad  la joven comunicadora social.

Gustavo Arce estudió en la misma facultad y, aunque no fueron compañeros de cursado, varias veces se cruzaron en los pasillos y -según él mismo recordó-, cruzaron varias palabras cuando él era dirigente estudiantil. Ambos tenían en común la meta de conseguir que sus vidas académica y cotidiana lograsen congeniar, pese a las adversidades. «No compartimos cursado con Anahí, pero si recuerdo saber que estaba en la facultad. Y también recuerdo que su padre fue muy importante para que ella pudiese seguir estudiando y terminar la carrera», indicó Arce.

Gustavo tiene ceguera congénita y hace dos años se recibió. Actualmente trabaja en el área de comunicación de OSEP y también hace transmisiones deportivas para la FM El Camino (Maipú), donde sigue a su querido Deportivo Maipú.

«Para mí es muy importante esta distinción. Cuando me dijeron, averigüé sobre Elisa (Norton) y me enteré de toda su historia, que es realmente emotiva», destacó Arce.

Rememorando sus años facultativos y -yendo un poco más lejos aún- su etapa escolar, el comunicador indicó que «siempre  fue necesario adaptar cosas».

«Recuerdo que hice la secundaria con casetes y eso implicaba adaptación y esfuerzo de todos, hasta de mi mamá que tenía que grabar las cosas para que yo escuche. Hizo falta que se adapte la currícula, pero también aspectos más técnicos. En la facultad, por ejemplo, yo sabía que no iba a agarrar una cámara. Pero sí podía encargarme de la musicalización, por ejemplo. De hecho, que yo tenga una discapacidad visual no tiene que significar que nunca aprenda temas de fotocromía o de luminancia. Aunque no pueda vivenciar esas cosas, tengo derecho a aprenderlas igual», indicó.

Sin dejar de lado la retrospectiva, y deteniéndose en su caso, también resaltó que no es lo mismo cuando la persona tiene una discapacidad física que cuando tiene una enfermedad muy grave. «Yo lo viví y voy a estar siempre agradecido de eso. Cuando uno tiene una discapacidad, siempre hay muy buena voluntad de la gente y está dispuesta a ayudar, a acompañar», cerró.

Verónica Fernández también se recibió en 2012, aunque en la carrera de Trabajo Social. Con 38 años actualmente trabaja en la escuela Antonio Gurgui (Las Heras) y el transcurso de su carrera tuvo un cielo con varios nubarrones de tormenta que, por suerte, ya quedaron atrás.

«Mi adversidad fue económica. En 1994, con 19 años, empecé la facultad siendo soltera. Pero trabajaba de empleada doméstica, cama adentro, y no tenía tiempo para cursar todas las materias. Elegí uno de los talleres para poder cursar, pero tuve que dejar porque a mi mamá la operaron del corazón y necesitaba trabajar para mantener a la familia. En 2003 volví, pero fue de a poco ya que había tenido a mis hijos y tenía que compatibilizar todo, hasta que en 2012 me recibí», contó la mujer a Los Andes.

Además de completar sus estudios, Verónica ingresó al grupo de apoyo de futuros egresados de la facultad de Ciencias Políticas. «Siempre viví el hecho de recibirme como una deuda pendiente. Para mí era la forma de salir adelante. Mi mamá, con los pocos recursos que tenía, nos dio lo que pudo y yo quería seguir avanzando. Y yo quiero dárselo a mi familia», sentenció la mujer, quien ha vivido toda su vida en el barrio San Martín.

Una mesa extraordinaria

Además de Anahí Pérez, Gustavo Arce y Verónica Fernández, hay 14 estudiantes y egresados más confirmados para la primera distinción María Elisa Norton, que se entregará el miércoles 22 en la UNCuyo. Estos son: Patricia Hómola (de Ciencias Económicas), Douglas Briceño, María Naomí Kamada, Fernando Sebastianelli (Odontología), Claudia Córdoba (Educación Elemental y Especial), Ubaldo Gastón Bilbao, Ada Saavedra (Filosofía y Letras), Helen Adamo, Mariela Calle, Roxana Heredia, Mariela Casas, Patricia Polo, Paula Fernández y Juliana Martos (Ciencias Médicas).

El reconocimiento fue aprobado el 12 de agosto del 2013 por el Consejo Superior de la UNCuyo y, en su articulado, establece que la distinción se entregará a «aquellos alumnos que hayan realizado un esfuerzo excepcional en pro de la obtención de su título como consecuencia de situaciones excepcionales de adversidad -sean de índole económica, social o de salud- y manifiesten una trayectoria académica destacable en las unidades académicas de esta universidad».

María Elisa Norton Farmache falleció en junio del 2011. Cuando dejó este mundo tenía 28 años y dos frentes de batalla abiertos, que encaraba con una entereza admirable. Por un lado, enfrentaba día a día las consecuencias del tumor cerebral que le habían detectado (y que fue el causante de su muerte). Por el otro, buscaba saldar una de sus deudas personales más significativas: el título de Médica que la misma vida le había negado por apenas 37 centésimas y media.

Cuando Elisita murió (a la espera de una mesa extraordinaria), fue su madre María Teresa Farmache quien tomó la segunda de las «banderas» que empuñaba la joven, y el año pasado logró que la UNCuyo reconociera a su hija e instituyera la distinción con su nombre.

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